Trastorno de la personalidad esquizoide

Acuñado por Bleuler en 1908, el término “esquizoide” designa la tendencia natural a dirigir la atención hacia la vida interior y alejarse del mundo exterior.

La persona con este trastorno tiende a ser distante y propensa a la introspección y a fantasear. El paciente no tiene deseos de entablar relaciones sociales o sexuales, muestra indiferencia hacia los demás, las normas y convenciones sociales, y su respuesta emocional es bastante deficiente; en casos extremos, él o ella parecen fríos e insensibles.

El tratamiento a menudo no se lleva a cabo porque la persona con este trastorno puede por regla general funcionar bien a pesar de su reluctancia a entablar relaciones cercanas, y no les preocupa el hecho de que puedan ser vistos como enfermos de un trastorno mental.

Una característica adicional de las personas con este trastorno es que suelen ser muy sensitivos y tienen una rica vida interior; y aunque experimentan un profundo anhelo de intimidad y relaciones personales gratificantes, encuentran realmente difícil y retador el hecho de mantener relaciones interpersonales, por lo que suelen retirarse a sus mundos particulares.

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2 Participaciones en Trastorno de la personalidad esquizoide

  1. Elena febrero 20, 2013 a las 5:41 pm #

    Sospecho que cierta persona que conozco tiene este trastorno pero no sigue tratamiento. No parece desear ni disfrutar de las relaciones ni siquiera dentro del seno de su propia familia. Es triste.

  2. Pancho diciembre 21, 2013 a las 9:18 pm #

    Me pasa desde la primaria y es el centro de toda mi vida. Una maldición que siempre vuelve. Crees que te va a ir bien y sales optimista, pero cuando enfrentas una situación social, se convierte en una ansiedad que parece laberinto de pesadilla.

    Dicen «lo primero es reconocer, querer es empezar». Doy gracias a la gente positiva, pero el optimismo y el profundo deseo de prosperar que nos caracteriza a algunos no siempre ayudan en el momento decisivo.

    Ésta es más o menos mi experiencia:

    Me siento fuera de lugar y extremadamente ansioso en las reuniones grupales. Con la experiencia de los años, me acostumbré a «aprender las mañas de parecer normal» y a disminuir las tensiones exigiéndome menos y tratando de ser natural por sobre todo.

    A veces la gente no se da cuenta de mi patología porque mi preocupación estuvo más en fingir normalidad que en pasarlo bien (termino agotado). En esos momentos termino el día más o menos feliz porque resulté ser uno más en el mundo y más aun si obtuve algún éxito: el respeto, la aceptación, el cariño o el interés de las otras personas (de los que no puedo hacerme cargo después). Les llamo «encuentros de aceptación» porque son encuentros cortos que tienen sólo el objetivo de mostrar que tienes habilidades sociales o de destacar un rasgo valioso de tu personalidad.

    Luego de eso intento no volver a ver a esas personas por un largo tiempo para no borrar la imagen positiva congelada, para evitar reuniones prolongadas o demasiado informales que puedan delatarme o para acumular la oportunidad de contar más cosas (la mayoría formales, las que nada importan en una reunión de entretención). No actualizo información en redes sociales y espero que los demás sepan de mis éxitos de manera indirecta.

    Cuando acepto reuniones sociales, suele resultar en un fracaso: un bodrio, un tipo extraño y el comentario obligado de tus amigos a tus espaldas (con el tiempo te enteras) «¿pero qué le pasa? Parece que vino obligado, ¿por qué no se divierte? ¿Le pasa algo? ¿es misántropo?». Y tú que te sientes tan normal, tan cuidadoso de no dañar, que te preguntas todos los días si tratas bien a los demás.

    Todas las relaciones sociales me parecen más una obligación que un momento de disfrute, aunque tampoco me siento bien estando solo sin hacer nada.

    Lo peor es que anhelas con fuerza estar rodeado de gente, ayudar y aportar. A veces heroizas a los demás y te ríes como un niño de sus bromas desde las sombras, pero no puedes entrar a formar parte. Terminas como un tipo frío, indiferente y raro.

    Peor cuando SABES que lo social es el centro no sólo de la vida recreativa, sino también de lo laboral. Es decir, te vuelves un marginado de todas las cosas y tienes menos posibilidades de lograr una vida material exitosa. Una pena para mí y para nada una situación de autocompadecimiento ni búsqueda de consuelo. Simplemente una injusticia crónica. Ojalá se encontrara un tratamiento. Espero aportar a otros con esto.

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